Hacer de lo ordinario algo extraordinario

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Che l'ordinario sia straordinario - 1

Durante estos meses, estamos viviendo el tiempo litúrgico consecutivo a Pentecostés, un tiempo de descanso para muchos, consagrado a las relaciones y a la familia; un tiempo en el que cada hábito nos mantiene en el camino hacia nuestro objetivo.

Litúrgicamente hablando, nos encontramos en el «tiempo ordinario», denominado así debido a que en el trascurso de estas semanas no se celebra ningún acontecimiento particular del misterio cristológico, sino que se nos lleva de la mano a seguir a Jesús por los caminos de Galilea.

No nos dejemos engañar por este carácter «ordinario» como si fuera inferior a los que llamamos «tiempos fuertes» (Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua).

Se trata del tiempo del discipulado (domingo 21 de julio); el tiempo del encuentro con Jesús alrededor de la mesa, tal y como sucede durante la multiplicación de los panes y los peces (domingo 28 de julio); el tiempo en el que nos preguntamos quién es Jesús y en el que escuchamos la respuesta de que Él es el pan de vida (domingo 4 de agosto). No obstante, también es el tiempo de la misión (domingo 14 de julio); así como el tiempo en el que estamos llamados a implicarnos, a proclamar la Buena Nueva, a atesorar con sumo cuidado lo que hemos recibido en nuestro camino de fe y a reflejar esa luz que ilumina a todas las criaturas para que así quienes nos rodean se sientan hijos e hijas amados de Dios.

Vivimos este tiempo acompañados, sobre todo, por la intercesión de dos mujeres: María, cuya Asunción celebramos el 15 de agosto, y santa Helena – madre de Constantino, una de las patronas de la Orden y la mujer a quien debemos la construcción de la basílica del Santo Sepulcro –, a quien celebramos el 18 de agosto.

La vida en Tierra Santa continúa siendo profundamente conflictiva y la habitualidad de las noticias puede llevarnos a pasar por alto el gran sufrimiento de estas poblaciones. Que nuestra atención esté siempre alerta y nuestra mirada centrada en la Tierra de Jesús, a la vez que, como Caballeros y Damas, seguimos apoyando a las comunidades que atraviesan momentos sombríos con nuestra oración, nuestra ofrenda y nuestra proximidad.

De esta manera, el tiempo ordinario nos conducirá a lo extraordinario.

Fernando Cardenal Filoni

 

(Julio de 2024)