Testimonios de una gran historia

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Don Michele Bellino, Prior de la Orden en Bari y director del museo diocesano de esta ciudad italiana volcada hacia Oriente, ha accedido presentar a cada Gran Maestre de la Orden, a través de un acontecimiento histórico de la vida de la Iglesia universal. Este verano nos propone un primer artículo sobre San Pío X, celebrado litúrgicamente el 21 de agosto, una de las cuatro fiestas de la Orden que celebran nuestros Caballeros y Damas. En este artículo descubrimos la especial solicitud que mostró por Oriente durante el XV centenario de San Juan Crisóstomo.

 

El año 1907 representa un paso histórico en los vínculos entre el Papa Pío X y la Orden, con la carta Quam Multa,1 en la que el sucesor de Pedro toma el título de Gran Maestre. Esta elección convirtió al Patriarca latino de Jerusalén en su Lugarteniente, para que los miembros de la Orden pudieran entender el vínculo entre la Iglesia Madre de Jerusalén y el propio Pontífice. La atención prestada a los cristianos de Oriente estaba en consonancia con las decisiones tomadas por Pío IX y León XIII. En un discurso dirigido al Patriarca de Cilicia de los Armenios el 18 de enero de 1906, Pío X había dicho: «Oriente, que tiene el honor de haber sido la cuna de nuestro Señor Jesucristo, debe conservar su sepulcro».2

El decimoquinto centenario de la muerte del obispo y doctor de la Iglesia Juan Crisóstomo es un acontecimiento que ciertamente permitió a Pío X expresar su solicitud pastoral hacia las Iglesias de Oriente. El 12 de febrero de 1908, se celebró la liturgia, en presencia del Papa, a cargo del Patriarca griego melquita de Antioquía, Cirilo VIII Jeha, con el coro y los ministros del Colegio Pontificio griego de Roma. En la introducción del folleto publicado en esa ocasión, se indica -como señala el especialista Manuel Nin,3 que para dicha asamblea, al no existir un altar «aislado », es decir, separado de la pared, que pudiera girar para las diversas procesiones e inciensos de la Divina Liturgia bizantina, se instaló otro altar «aislado» y, frente a él, dos pupitres con dos iconos, uno de Cristo y otro de la Madre de Dios. Junto a ellos se colocó un tercer pupitre con el icono de San Juan Crisóstomo. Es interesante observar que en la introducción de este folleto encontramos también esta anotación: «los oficiantes observarán el rito griego en su totalidad [...] El Sumo Pontífice, jefe supremo de todos los ritos, actuará al mismo tiempo como Presidente de la asamblea litúrgica griega, a la que se entregan y reservan los principales actos de honor y jurisdicción [...] Utilizará la lengua litúrgica griega».

Al día siguiente, Pío X, en una alocución dirigida al cardenal Vincenzo Vannutelli, presidente del Comité para el decimoquinto centenario, informó: «Ayer asistimos a la misa solemne, que nos transportó a la época de San Juan Crisóstomo, en las basílicas de Antioquía y Constantinopla; así, hoy, tenemos el placer de verlos reunidos aquí para dar una nueva prueba de su adhesión a la Iglesia católica y a la Sede apostólica. [...] Al reflexionar sobre estos testimonios, nos sentimos, al igual que nuestros predecesores, movidos por el más vivo deseo de trabajar con todas nuestras fuerzas para que la virtud y la grandeza del pasado vuelvan a florecer en todo Oriente, y para que desaparezcan esos falsos conceptos y prejuicios que han conducido a la desastrosa división».4 El acontecimiento marcará en la práctica una mejor acogida y un mayor respeto de las liturgias orientales en el camino del diálogo entre cristianos.

 

1 ACTA APOSTÓLICA SEDES (AAS), vol. XL (1907), p. 321-322.
2 AAS, vol. XXIX (1906), p. 28-29.
3 cf. M. NIN, Un evangelio cantado [Nuestra traducción], en el Osservatore Romano del 20 de marzo de 2013.
4 AAS, vol. XLI (1908), p. 130-134.

 

(julio 2021)